Cuando me di cuenta de que mi madre era una zorra (1) relato erotico xxx


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Cuando me di cuenta de que mi madre era una zorra (1)

Categoría: Infidelidad Comentarios: 0 Visto: 88129 veces

Ajustar texto: + - Publicado el 10/03/2017, por: Anonimo

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Hola me llamo Juan, tengo 17 años y vivo con mis padres en una ciudad de las afueras de Madrid. Siempre me he considerado muy afortunado por la vida que tengo, al menos hasta hace unos meses, cuando fui testigo de algo que ha cambiado mi forma de ver las cosas radicalmente.

Empezaré por describir a mi familia. Mi padre se llama igual que yo, es un hombre normal, tipico padre de familia que junto a su éxito profesional está criando una incipiente calva y una buena barriga cervecera. A sus 43 años es todo un ejemplo de hombre de oficina, de vida rutinaria y valores familiares por encima de todo.

Mi madre Marta sin embargo es una mujer cuya vida rutinaria no ha mermado ni un ápice de su feminidad. El gimnasio que tenemos montado en casa ha mantenido su metro sesenta y siete en perfecta forma y su cuerpo indica 10 años menos de los 38 que tiene en realidad. A ese cuerpo se le añade un hermoso rostro de pelo castaño(aunque varia según como se lo tiña), unos enormes ojos negros y unos labios algo finos pero bonitos. Todo esto junto a su exquisito gusto a la hora de vestir y su plena dedicación a la vida familiar la han convertido a los ojos del vecindario en la madre y esposa perfecta. Pronto descubriría que tambíen podía ser la zorra perfecta.

Todo empezó un día que teníamos en casa una cena familiar, pero por unos motivos u otros solo confirmaron su asistencia mis abuelos paternos, unos tios que vivian cerca de nosotros y eran muy plastas y unos tíos míos de Salamanca.

Ese día mi padre y yo tuvimos que vestirnos con camisa y corbata y mi madre se puso una camisa de manga larga negra que dejaba los hombros al descubierto y una falda de seda que le subía un palmo por las rodillas, combinando con unos zapatos oscuros de tacón.

Los primeros en llegar fueron mis abuelos acompañados de mis tios pesados y hubo saludos muy efusivos por ambas partes. Casi no habíamos cerrado la puerta cuando llamaron al timbre y aparecieron mis tios. Iba a dar dos besos a mi tia cuando me percaté de una figura que estaba detrás de ella.

-Éste es Lucas. Es un amigo mío que ha estado viviendo en EEUU y ha vuelto a Madrid justo hoy. Me ha llamado para quedar, pero le he dicho que tenía cena familiar. Aún así no podía dejarlo cenando sólo en su hotel así que le he invitado. Espero que no sea molestia – explicó mi tio.

Se hicieron las presentaciones pertinentes y la verdad es que era un hombre que imponía. Tenía 29 años y su forma de hablar, la confianza en sí mismo, y su corpulencia típica de horas y horas de gimnasio nos dejaron impresionados a todos.

Todos estaban hambrientos así que nos sentamos inmediatamente a la mesa que ya estaba servida. Lucas se sentó justo enfrente de mi madre y durante toda la cena se mostró muy cordial con ella. Además Lucas se convirtió enseguida en el alma de la cena, ya que contínuamente narraba alguna de sus muchas historias que mantenían a todos en vilo hasta desembocar en una enorme carcajada general. Tenía encandilado a su público, con sus historias de juergas con los amigos y sus conquistas de mujeres en noches locas. A mi no me había encandilado en absoluto. De hecho era una de esas personas tan seguras de si mísmas que no paran de fanfarronear, de creerse irresistibles para cualquier mujer y que tratan con desdén a aquellos que no son de su “especie”. Sus constantes miradas a mi madre, que eran de todo menos inocentes no hacían más que acrecentar mi animadversión hacia nuestro invitado.

Mi madre reía con sus historias al igual que todo el mundo pero evitaba el contacto visual con Lucas, ya percatada de que la miraba de una forma bastante descarada. Mi madre ya estaba acostumbrada a que la admirasen, pero ella siempre apartaba la vista en señal de que era una mujer casada, que amaba a su esposo y a su hijo, y que se debía sólo a ellos.

Lucas no pareció conforme con la respuesta visual de mi madre y empezó a contar historias de mujeres que se le habían resistido pero que habían acabado sucumbiendo a sus “encantos”, tratando de incomodar a mi madre, pero ella no parecía afectada en absoluto por sus envites. De hecho comenzó a mostrarse ofendida poniéndole pegas a todas las historias de Lucas, diciendo que no todas las mujeres eran como él las pintaba, y que las había que eran fieles en su matrimonio como ella en sus 18 años de matrimonio, aumentando la tensión que había entre ella y Lucas. Afortunadamente ni mi padre ni nadie a parte de mí se dio cuenta de la situación. Así transcurría la cena hasta que mi tio propuso que brindásemos con un poco de champán. Mi padre mandó a mi madre a por una botella a la cocina y pude ver como Lucas no perdía detalle de mi madre saliendo del salón, especialmente de su culo. Era increible el descaro con el que lo hacía y más increible me parecía que nadie, en especial mi padre, se hubiese dado cuenta. Cierto es que todos iban ya un poco bebidos por el vino, pero aún así, en el transcurso de la cena las miradas furtivas a mi madre y a sus tetas habían sido cada vez más frecuentes. En ese momento miré a Lucas con todo el odio que pude, como tratando de decirle: “¿pero tú de qué vas?” pero este ya se estaba levantando de la mesa y si me vio me ignoró por completo. Se excusó diciendo que iba a ayudar a mi madre pero ninguno de los mayores le oyó. Todos estaban ya algo bebidos y enfrascados entre risas y aplausos en viejas anécdotas y yo era el único que había notado que se ausentaba. Al cabo de un par de minutos no aguanté más y dije que me iba a mi habitación a tumbarme un rato porque estaba mareado y cuando salí del salón me dirigí directo a la cocina a través del pasillo.

Cuando llegué a la cocina me quedé en la puerta, escondido en la oscuridad. Nuestra cocina es bastante amplia y consta de la zona de cocina separada por una especie de barra de bar de la zona de comedor. Apenas a tres metros de la puerta, Lucas ayudaba a mi madre a elegir la botella de champán, pero lo hacía acercándose cada vez más, una situación que debió incomodarla porque se apartó ligeramente y le dijo que fuera eligiendo él la botella mientras ella cogía los vasos. A pesar de la obvia incomodidad de mi madre Lucas no dejaba de sonreir y su sonrisa se hizo más socarrona aún cuando ella se agachó para coger las copas de champán que estaban en un estante inferior. Nerviosa como debía estar ni siquiera se sentó a coger los vasos sino que se inclinó a coger los vasos, ofreciéndole al cabrón de Lucas una vista magnífica de su trasero. Mientras mi madre le iba pasando las copas de dos en dos, Lucas se puso a abrir la botella y llenar una copa y beber como si nada. Una vez mi madre hubo sacado todas las copas y terminaba de cerrar el estante en esa posición tan comprometedora Lucas se acercó por detrás apoyando su paquete en el culo de mi madre. Ella, asustada se irguió de un brinco quedando situada a escasos centímetros de nuestro invitado. Aprovechando la confusión de movimientos Lucas tiró la copa encima a mi madre, empapándola entera.

-¿¡P…pero, que haces!? – exlamó mi madre confundida y enfadada al mismo tiempo.

-Perdona Marta. Ha sido sin querer. Estaba nervioso.

-¿Nervioso porqué? – dijo ella mientras veía como el champán que había manchado su camisa empezaba a regar su falda.

-Por tener un bellezón como té delante de mío – contestó Lucas acercándose un paso más.

-¿Pero qué estas diciendo? – dijo mi madre aún más confusa – Dios mira como me has puesto de champán….

-No te preocupes. Eso tiene solución – y diciendo esto la agarró por los hombros y la atrajo hacia sí. Acto seguido empezó a limpiar los restos de champán que todavía quedaban en el escote de mi madre con largos lengüetazos.

-¡L…Lucas! ¿Pero qué haces? ¿ Cómo te atreves…? – empezó a gritar mi madre. Pero antes de que pudiera alertar a nadie Lucas estampó un enorme beso en sus labios de varios segundos que debieron dejarla sin aliento porque no volvió a levantar la voz.

Estaba apunto de intervenir y salvar a mi madre de semejante atolladero cuando ella volvió a abrir la boca para pedirle que parase pero esta vez sin gritar, a modo de súplica.

-Tranquila, solo intento deshacer el entuerto. Cuando termine de limpiarte pararé. Te lo prometo. – dijo Lucas a la vez que soltaba los hombros de mi madre para colocarlas bajo sus pechos ayudando así a la “limpieza”.

-D…de ver…dad, p..por favor para…- continuó suplicando mi madre a la vez que se debatía por liberarse – N..no quiero que me limpies nada…oye para…

Lucas hizo caso omiso de las súplicas de mi madre y siguió con su tarea de limpieza y secado, levantando la camisa por debajo y lamiendo su abdomen. Mi madre intentaba apartar con las manos la cabeza de Lucas pero éste la tenía agarrada de la cintura tan fuerte que sus esfuerzos eran en vano.

-P..para, te juro que voy a gritar. Se lo diré a mi marido…

-¿Y qué le dirás, que intenté limpiarte después de mancharte? – replicó Lucas con tono burlón.

-¿Cómo? Pe..perro si me estás…e…eres un baboso….eres un cerdo…- comenzó a decir mi madre pero Lucas la cortó.

-El cerdo es un animal muy limpio.

Dicho esto dejó de babosear el ombligo de mi madre para empezar a bajar por ahí hasta llegar a la falda.

-Para ya, cerdo, te juro que se lo diré a mi marido y te… ¡ahhh!- Lucas plantó su cara en la entrepierna de mamá a través de la falda húmeda por el champán.

-Unghhh… cu…cuando se entere mi marido….te va a…. –mi madre seguía intentando liberarse pero sus palabras cada vez tenían un tono menos seguro.

-No te preocupes preciosa que ya casi he terminado- dijo Lucas levantando la falda hasta la cintura.

Bajo la falda de mi madre aparecía unas braguitas negras de una prestigiosa marca de lencería que yo ya había visto antes haciendo la colada.

Empezó a lamer la parte interior de los muslos con sumo cuidado haciendo que mi madre se mordiese los labios en lo que yo creía que era un gesto de reacción de asco ante la invasión de su intimidad que estaba sufrienda. Tras un buen rato lamiendo las piernas de mi madre, posó sus manos sobre el culo de ésta y acercó la nariz a la fina tela negra que separaba su cara y la fruta de mi madre que estaba reservada sólo para mi padre. Cuando la lengua de Lucas tomó contacto con la ropa interior de mi madre ésta lanzo un grito ahogado que al cabo de unos segundos fue seguido por un suspiro cuyo significado no supe descifrar.

-¡Oh dios!¡Unnnghh!¿Cómo te atreves? – pero las protestas de mi madre carecían de cualquier convicción en su tono.

No podía creer que mi madre se estuviese rindiendo a la estrategia de manoseo de un mamón al que acabábamos de conocer esta noche y que ni siquiera había sido invitado a la fiesta. Afortunadamente todo aquello acabaría en cuanto Lucas terminase de limpiar la última gota de champán derramada. Lucas se tomó su tiempo en “limpiar” las braguitas de mi madre. Mientras tanto ella no paraba de pedir que parase, pero sus súplicas habían pasado a ser más una suerte de gemidos de significado dudoso que una petición para terminar con aquella situación. Al cabo de un rato Lucas separó su cara de las braguitas de mi madrey levantó la vista sonriente.

-Bueno princesa. Ya he terminado. ¿No ha sido tan malo no? – dijo levantándose.

El rostro de mi madre estaba desencajado y tenía las mejillas completamente ruborizadas. Agachaba la mirada y sus labios temblaban ligeramente. Lucas cogió la botella de la mesa y se la entregó. Despues cogió unas copas y dijo:

-Vámonos ya para el salón. Yo llevo los vasos mientras te arreglas un poquito y cuando estés te vienes con la botella, vale guapa?

Yo estaba consternado por la escena y no sabía cómo reaccionar. Lucas se dio la vuelta y se disponía a salir de la cocina, y probablemente me hubiera pillado allí espiando de no haber sido porque mi madre musitó algo. El cerdo de Lucas se dio la vuelta para preguntarla que había dicho cuando tanto él como yo nos quedamos sorprendidos.

Mi madre, todavía con la falda subida, sostenía la botella de champán contra sus pechos e inclinándola ligeramente empezó a dejar un poco del dorado líquido por entre el canalillo.

-C…creo que aún te queda algo por limpiar – dijo no muy segura de sí misma. En su voz había duda, pero también mucha agitación, gracias probablemente a las habilidades de Lucas allá abajo.

Lucas se acercó a ella de nuevo. El líquido que caía por entre sus tetas pronto traspasó la delgada tela de la camisa y empezó a calar hasta la falda. Lucas le cogió la botella ya medio vacía y dejándola sobre la mesa agarró a mi madre del cuello por detrás para plantarla otro enorme beso. Esta vez mi madre si colaboró abriendo su cavidad bucal para permitir a su invitado saborear la boca y lengua de su anfitriona, mientras sujetaba el rostro de su agresor con caricias. Lucas rápidamente agarró con una mano las muñecas de mi madre y levantó sus brazos liberando su cara, dejando claro quien era el que mandaba. Mi madre aceptó su nueva posición sin ninguna objeción y continuó besando a su invitado con la misma pasión que antes. Lucas terminó aquel beso con un buen lametón pasando su enorme lengua por los labios entreabiertos de mi madre que parecían suplicar por más. Lucas no le dio ese placer y empezó a bajar el cuello de mi madre a besos mientras seguía sujetando a mi madre por las muñecas. Con la mano libre comenzó a levantar la camisa de mi madre y se la levantó hasta la altura de los codos, quedando su rostro parcialmente tapado por la prenda liberando sólo la boca que no paraba de jadear. Una vez que el torso de mi madre estuvo desnudo (pues la camisa no era para llevar con sujetador) Lucas continuó bajando con sus besos hasta llegar al canalillo. Cuando comenzo a besar y a lamer las tetas de mi madre los jadeos de ésta fueron hacíendose más rápidos y suplicantes, pero Lucas era un experto en mujeres y la hizo esperar. Además esos pechos merecían ser explorados concienzudamente, ya que sin llegar a ser ubres, eran de una buena talla 95 que acababan en unos rosados pezones de aureola estrecha. Continuó pasando su boca alrededor de sus pechos sin llegar a tocar los erectos pezones que pedía ser comidos a gritos. Al ver que sus pezones no eran atendidos como su calentón lo exigía en esos momentos, los jadeos pasaron a ser gemidos llenos de súplica. Hasta yo estaba expectante, casi deseando en el fondo que le comiese las tetas del todo para observar la reacción de mi madre. Era sobre todo la curiosidad de ver cómo era el estado de excitación de mi madre, a quien yo siempre asociaba con suaves sonrisas y dulces palabras y no con calenturas y excitación. En seguida me arrepentí de estos pensamientos Contento con los resultados, Lucas decidió abordar por fin los pezones de la hembra que tenía ya a su merced, arrancando profundos suspiros de placer en mi madre.

-¡Oh dios mio! Aangghhh…ufff – mi madre empezaba a perder el control de sí misma.

-Te gusta, ¿eh? – dijo complacido Lucas al mismo tiempo que liberaba las muñecas de mi madre para posar ambas manos sobre sus tetas y amasijarlas – Vaya tetitas que tienes, reina.

-¡Ufff! Dios, lím…límpialas bien…¡así!…si…límpiame entera…- decía mi madre totalmente perdiendo el control.

Se quitó la camisa que cubría su rostro y la lanzó hacia donde yo estaba, lo cual me hizo retroceder instintivamente ante el peligro de ser descubierto. El corazón me latía a mil. ¿Qué pasaría si me descubrían? Ya no había vuelta atrás. Si quería hacer algo tenía que haberlo hecho antes. Irrumpir ahora nos dejaría a los tres, en especial a mí y a mi madre en una situación tremendamente incómoda que ni yo ni ella sabría manejar. Así que reprimido por el miedo allí me quedé, escondido tras la puerta, escuchando los chupetones que Lucas daba a las tetas de mi madre y los cada vez menos discretos jadeos de mi madre. De repente un grito tremendo me sacó de mi ensimismamiento y la curiosidad venció al miedo, dándome fuerzas para volver a asomarme por la puerta de la cocina. Desde donde yo estaba, podría haber asomado medio cuerpo y hubiera sido casi imposible que me viesen, pero un miedo irracional a ser descubierto hacía que sólo fuese capaz de asomar media cara.

Lucas había bajado hasta la entrepierna de mi madre y besaba y lamía la prenda íntima a la vez que ella se tapaba la boca con ambas manos para evitar otro grito que pudiera llamar la atención de los presentes en el salón.

-Vaya vaya, ¿que mojado está esto, no? – dijo mientras pegaba un enorme lametón de arriba abajo provocando un rápido movimiento de pelvis acto reflejo del placer que estaba recibiendo mi madre – ¿Será todo champán o será otra cosa? Je je.

-T..Tú limpia lo que sea…uuhh…todo lo que encuentres – pidió mi madre que desde hacía un buen rato se había dejado a las caricias bucales de su atrevido invitado.

-Tranquila reina que te voy a hacer una limpieza a fondo. ¡Slurp! – dijo mientras lamía de nuevo – Creo que va a haber que limpiar debajo de la alfombra, ¡jajaja!

Dicho esto las manos que por debajo de las bragas sobaban con ganas el culo de mi querida madre agarraron los laterales de la tela y las comenzaron a apartar a un lado. Bajo las bragas negras de mi madre se escondía no un vello púvico abundante como me habría esperado, sino un cuidado corte en forma de “v” que permitía una perfecta visión de su sexo. Al fin y al cabo era una mujer, una mujer bella que se cuidaba y yo era el ingenuo al pensar que no reservaría ciertos placeres conyugales a mi padre. Pero ahora mismo no era mi padre quien disfrutaba tales atenciones, sino un capullo presumido que la había seducido sin apenas necesitar cortejarla. En cuanto los labios de Lucas contactaron con los labios inferiores de mamá está lanzó un tremendo grito que murió ahogado entre sus manos que se apretaban contra su rostro. El trabajo de limpieza que le estaba realizando Lucas allí abajo parecía volver loca a mi madre, que se retorcía frotando su espalda contra la pared, arqueándose, con una mano tapándose la boca y otra acariciando el cabello de Lucas con fuerza.

-Ahhh….diossss….siiii…ahhh….Lucas….Lucassss

-Eres toda una mujer; une mujer caliente y muy sabrosa – dijo mientras sorbía los primeros jugos que se deslizaban por el coño de ella. – Vamos quítate las bragas

Lucas sacó su cabeza de entre las piernas de mi madre y ella presa del placer se las quitó lo más rápido que pudo, sacándolas primero por un pie y luego por el otro, y las dejó en el suelo.

-Así me gusta. Mmmhhh… que bien te huele, Marta – le dijo llamándola por su nombre con una familiaridad casi vomitiva. Acto seguido le introdujo un dedo mientras su lengua seguía explorando los placeres de la vagina de su elegante anfitriona.

-Ay dios….¡joder!¡maldito cerdo! –gritó a Lucas. Pero en el tono de sus palabras no había reproche alguno.

Mi madre cerro los ojos e inclinó la cabeza hacia atrás dominada por el placer oral que le estaba dando aquel cabrón sin escrúpulos, mientras apenas conseguía reprimir entre su mano los gemidos de placer que éste le iba arrancando. Tras un buen rato en el que mi madre no pudo reprimir en dos ocasiones las convulsiones que indicaban que había llegado al orgasmo Lucas pareció dar por terminado su trabajo de limpieza y se puso de pie mientras volvía a amasar los pechos de mi madre. Acercó su rostro al de mi madre pero ella casi ni se enteraba de lo que acababa de ocurrir. Cuando Lucas aprisionó sus labios entre los suyos ella sólo reaccionó cerrando los ojos y entreabriendo los labios para que su besador tuviera libre acceso a esa boquita aristocrática.

Cuando el beso terminó Lucas puso sus manos sobre los hombros de mi madre y la hizo bajar hasta quedarse de rodillas ante él.

-Creo que yo también necesito que me hagan un poco de limpieza – dijo acercando su paquete al rostro de mi madre

-P..pero..c..creo que deberíamos volver, Lucas…- dijo insegura mi madre. A pesar de que era obvio que seguía caliente, el momento de descontrol había pasado y sabía que en cualquier momento podrían echarlos en falta y parecía no estar dispuesta a arriesgarse a que su esposo a quien de verdad amaba la sorprendiera con el pene de otro hombre en su boca.

Lucas se agachó un poco y le acarició la barbilla al mismo tiempo que le plantaba otro beso baboso en la boca de ésta.

-¿No crees que es lo justo? – dijo bajándose la bragueta.

-S…si…pero, ¿y si nos descub…? – empezó a decir pero sus palabras murieron en su boca cuando Lucas terminó de bajarse la bragueta y se bajó al mismo tiempo los pantalones y los calzoncillos.

Aquello era desde mi punto de vista una de las cosas más impresionantes y repulsivas que había visto jamás. Comparando frente a frente, esa polla era más larga que la cara de mamá, que miraba con ojos como platos aquella cosa que aún seguía creciendo ante sus narices. Su grosor era una barbaridad sólo viéndolo desde donde estaba yo, y todo el tronco estaba recorrido por unas venas enormes. Mi madre se quedó sin habla admirando ese monstruo que tenía ante si.

Divertido por el estado de shock en que se encontraba mi madre, acercó su pene aún más cerca, a una distancia en que juraría que mi madre podía percibir el olor de aquella bestia de carne en barra.

-¿Qué decías? – preguntó sonriente.

-Oh dios mio….yo….n..nada, no decía nada – se apresuró a contestar.

Con la mano temblorosa agarró el miembro de Lucas, que ya había llegado a su punto de máximo esplendor, y tras mirarle a los ojos se introdujo aquella polla en la boca.

Al principio le costó un poco ya que su grosor la obligaba a abrir la boca bastante. Pero la saliva se convirtió en un magnifico lubricante facilitando la felación. Al principio eran movimientos tímidos pero pronto se convirtieron en rápidos móvimientos de cabeza acompañados de gemidos procedentes de la ocupada boca de mi madre. Aún así, no conseguía meterse en la boca más de un tercio de esa polla por lo que el resto del nabo lo tuvo que cubrir a base de lametones y chupaditas.

-Mhh…glmphhh..¡¡¡mmhhhhhhh!!! – eran los únicos sonidos que salían de la boca de mi madre que parecía no dispuesta a soltar ese miembro varonil.

-¡Oaahhh! Joder como te gusta ¿eh? Es toda tuya.

-Mmffz….”Gadiaz” – fue el agradecimiento que consiguió articular con la boca aún llena de polla

-No hay de que, reina.- y soltó una carcajada

Mi madre le miró a la cara desde su posición y correspondió a su carcajada con un esbozo de sonrisa, todo lo que pudo ofrecerle ya que esa enorme polla tenía su boca reservada para sí sola. Con los ojos aún fijos en los del dueño de esa polla que tan bien le estaba sabiendo continuó su mamada. Siendo objetivos, mamá no era desde luego una Jenna Jameson mamando pollas, y la felación estaba resultando bastante monótona. Eso me hizo pensar que en sus 18 años de matrimonio el sexo conyugal no había sido nadá especial y que probablemente con la rutina había acabado siendo un actividad monótona y tediosa para mis progenitores. Pero con Lucas parecía que era diferente. La pobre no tenía unas técnicas muy depuradas, pero se esforzaba y eso parecía serle suficiente a Lucas. Un hombre como él probablemente había probado a decenas de mujeres, algunas de ellas probablemente unas expertas en el tema, y lo único que parecía buscar en ella era el triunfo de tener a una madre y esposa casi diez años mayor que él, adinerada y con buen status social a sus pies cometiendo su primera infidelidad.

Tras unos minutos mamando Lucas le sacó la polla de la boca y levantándola de la barbilla la puso de pie al tiempo que terminaba de sacarse los pantalones de los tobillos, no sin antes sacarse un condón del bolsillo posterior.

Despues de varios minutos tragando polla a mi madre le faltaba el aliento, y sus pechos se movían de forma exagerada al ritmo de su agitada respiración. Agarrándola de los glúteos la levantó en vilo y la llevó hasta una de las banquetas acolchadas que tenemos en la barra de la cocina para sentarnos a tomar algo rápido. Mi madre soltó un grito de sorpresa al ser izada y otro cuando Lucas la dejó caer sobre la banqueta giratoria. Los dos comenzaron a reir como adolescentes enamorados mientras ella iba desabotonándole la camisa. Cuando desabrochó todos los botones y le abrió la camisa la cara se le iluminó a mi madre. Un enorme torso, completamente depilado, con unos amplios pectorales y unos abdominales cuadrados se ofrecían ante ella, y mi madre no dudó un instante en empezar a pasar sus ansiosas manos por ese cuerpo masculino. Levantó la vista hacia Lucas con unos ojos que le brillaban de la excitación y con sonrisa traviesa acercó sus labios a los de él. Comenzó de nuevo el baile de lenguas, besos con tanta excitación que casi podía sentir sus alientos desde donde estaba.

Lucas terminó de quitarse la camisa, y ya completamente desnudo, y sin liberarse del beso que le estaba dando mi madre la agarró de las nalgas y la recolocó sobre la banqueta. Mi madre sabía lo que venía ahora, y cogiendo el condón de la mano de Lucas lo abrió y se lo puso. Aunque no creo que estuviera muy segura de ser capaz de engullir ese pedazo de carne con su coño, excitada ya sólo de ver los esfuerzos que había hecho para ponerle un condón, lo animó a penetrarla.

-Ahhh….siiiiii…Lucas cariño…no me hagas esperar más…ahhh…-y empezó a pellizcarse los pezones para mostrar su excitación. Yo estaba flipando con esta faceta de guarra que estaba comenzando a descubrir en mi hasta ahora respetable madre.

-Cálmate reina, que esta noche te voy a hacer mía. Vas a ser toda mía hasta tu último suspiro – y acercó su polla a la vagina de mi madre, frotándola pero sin llegar a penetrarla – Tu vas a ser mi reina….y yo, tu “Rey”¿entendido?

Dicho esto la cabeza del monstruo desapareció sin ningún tipo de delicadeza dentro del coño de mi madre haciendo que ésta gritara buscando algo a lo que agarrarse, clavando sus uñas en las musculosas espaldas de Lucas.

-¡Kiiiaaa!¡Mi Rey! – consiguió decir mi madre – No tan fuerte…más despacio….mi Rey.

-Está bien, soy un rey benévolo. – aminorando el ritmo fue clavando su estaca poco a poco en el coño de mi madre, besándola el cuello y haciéndola disfrutar como nunca.

-¡Ahhhhh…..asiii! ¡Oh joder que rico! – mi madre se relamía de gusto – D…dios… esto es muy grande..

-Ajajaj, ¿Qué pasa, qué nunca habías probado algo así? – siguió metiéndola – Pues agárrate porque vas a ver lo que es una buena polla, reina.

-¡Ooohhh diossss! N..no se si esto me puede caber… – más de la mitad del nabo de Lucas había entrado en la cueva de mi madre – ¡¡Argggghhh, me estás matandooo!!

-¿Quieres que pare, Marta? – dijo deteniendo su movimiento penetrador.

-¡Oh no por favor! No pares mi Rey, mátame con tu polla, siiii….¡hazlo, cariño! –mi madre agarró los firmes glúteos de Lucas atrayéndolo hacia ella moviendo su cintura tratando de encontrar acomodo para un poco más de esa polla que la estaba matando…de placer.

-Pues claro que lo voy a hacer, porque eres una reina a la que le gustan mucho las pollas, ¿estoy en lo cierto?

-Ssiiii, ¡me gustan las pollas!

-¿Ah si? ¿Todas las pollas? –inquirió Lucas divertido

-Yo….yo sólo había probado la de mi marido hasta ahora – respondió avergonzada.

-Lo suponía. Así que eres una reina a la que le gustan las pollas, pero no una polla cualquiera, ¿verdad? – continuó interrogando divertido

-No mi Rey. Me gusta… – la barrera física ya había sido derribada, pero ahora estaba a punto de caer la barrera psicológica de la infidelidad, donde renegaba de su marido a favor de su amante – me gusta…¡me gusta tu polla Rey!

Complacido, sonrió mostrándole su blanca dentadura.

-Eso pensaba yo también.

Dicho esto clavó el resto de su pollón en el coño de mi madre, abriéndola los ojos que casi se le salían de las órbitas y sin poder respirar o articular sonido alguno. Allí la dejó clavada un buen rato sin sacarla, con mi madre alucinando como nunca lo había hecho.

-Y ahora, disfrútalo, reina.

Sin darla tiempo a contestar comenzó a sacar parte de su verga para volver a introducirla hasta el fondo, arrancando un gritito de mi madre que todavía estaba como en estado de shock. Primero lo hizo lento, dando tiempo a las paredes vaginales de mi madre a amoldarse a tremendo aparato, y los grititos pasaron a jadeos complacidos. Pero cuando consideró que ya le había dado tiempo suficiente el ritmo de las embestidas aumentó sin ningún tipo de misericordia. Los jadeos de mi “pobre” madre pasaron a gritos desenfrenados

-¡¡¡¡Kiiiaaaaa!!!! ¡¡Si, mi Rey!! ¡Argghhhhhh! ¡Dios mio vaya cacho de polla!¡Joder, no pares de fo…! – fue todo cuanto pudo decir ya que Lucas le selló la boca con su lengua, temeroso de que alguien pudiera oir sus gritos.

Mi madre estaba totalmente descontrolada, rendida ante ese palo de amor que le estaba clavando su “Rey” sin piedad, matándola de gusto. Pero Lucas no tenía intención de ser descubierto, al menos aún, y decidió acallarla con un prolongado beso con lengua, cuyo significado mi madre supo interpretar al cabo de un rato, indicándole con la mirada que entendía que debía bajar el tono. En un tono más apaciguado, pero cargada con la misma tensión sexual mi madre comenzó a gemir y a decir cosas impropias de una señora como ella.

-¡Coño vaya pedazo de pollón que tienes cariño! ¡Ohhhh, ahhhhh, mi rey, rey Lucas!¡Por favor haz que me sienta reina!

-¡Aghh! Lo tienes prieto,¿eh pedazo de guarra? – se la sacó provocándola un pequeño grito al notar como salía esa cabezota de su cueva. Agarrándola de la cintura le dio la vuelta y puso de espaldas a él, apoyándola contra le mesa de barra de la cocina – Si es lo que quieres te voy a hacer sentir como una reina…¡la Reina de las Putas!

Diciendo esto le empaló el chocho de un solo golpé por detrás aplastando a mi madre contra el borde de la mesa. Mi madre sorprendida agachó la cabeza intentando respirar. Lucas volvió con sus embestidas pero esta vez sin darla tiempo a reponerse. El penetrante ataque que acababa de recibir la estaba destrozando por el aspecto de su cara, pero al cabo de un rato su expresión dolorida pasó a una de placer, con gestos de doloroso deleite y sonrisas lascivas.

-Ummphh, dios….e..eres lo mejor….lo mejor que he sentido jamás dentro de mí…¡ahhhhh! Ohh Rey Lucas, fóllame, ¡FÓLLAME!

-¡Aghh, siiii Martaaaa! Eso quieres que te haga, ¿eh?. Jaja parece que el cerdo no era yo. ¡Aquí por lo que parece la única cerda que hay eres tú!

-¡Ahhnnnngggg! Siiiii…Oooh mi Rey, ¿soy…soy una cerda? Pero yo…aaahhh…siiii….yo…quiero ser tu reina…¡uuhhnnggg!

-¡Wargghh! ¡Marta, desde luego eres la reina de las zorras! Uhh…eso no te lo puedo negar. – las manos que tenía apoyadas en su cintura pasaron a agarrar con fuerza sus tetas, pegando su torso a la espalda de mi madre. Una vez la tuvo en esa posición sus embestidas comenzaron a aumentar en fuerza y velocidad.

Mi madre al notar la cercanía de su Rey se apresuró a girar la cara y con la boca abierta sacó su lengua buscando la boca de Lucas. Sin poder levantar las manos de la mesa por culpa de las embestidas, y con la lengua de Lucas enredándose en la suya empezó a gemir de forma extraña, indicando que estaba llegando de nuevo al orgasmo. Lucas cada vez más excitado separó sus labios de los de mi madre y comenzó a mordisquear su cuello, con un considerable aumento en la velocidad de sus penetraciones. Los bramidos de Lucas indicaban que estaba a punto de correrse y mi madre trataba de acompañar sus movimientos a pesar de verse prisionare entre la mesa de la barra y Lucas. Al minuto Lucas tuvo una convulsión, que indicaba que se estaba corriendo. Mi madre tuvo en ese momento otro orgasmo, y eso era algo que ya podía adivinar viéndola la cara de zorra que se le había puesto durante la noche cada vez que se venía.

-¡¡Oh dios me corro joder!!¡¡Argh, Marta, Martaaaa!! – gritó mientras agarraba las tetas de mi madre con más fuerza cada vez.

-¡Ah mi Rey, siiiiiii! ¡¡Eso es, dámelo, soy tuya, tuyaaaa!! – echando la cabeza hacia atrás buscaba desesperadamente la boca de Lucas pero este estaba demasiado ocupado corriéndose como para satisfacerla en ese sentido.

-¡Arggggghhh! ¡Siiiiiiiii! Ya….ya está – jadeó Lucas dejando caer todo su peso sobre mi madre.

-Mhhh…ha sido grandioso mi Rey – con una sonrisa complacida aceptaba ser la almohada de descanso de su Rey después de que éste se corriera.

Permanecieron así un buen rato, mientras sus agitadas respiraciones se iban haciendo más y más normales y el sudor resbalaba de sus cuerpos atraídos por la gravedad.

La primera en hablar fue mi madre

-Ha sido estupendo, mi “Rey” – y enfatizó esta última palabra acompañándola de una sonrisa picarona

-Tu eres la estupenda, reina mía. – diciendo esto se incorporó sacando su arpón del coño de mi madre, que iba perdiendo tamaño por momentos, hasta quedarse en un todavía buen pedazo de carne pero sin vida ni dureza alguna.

Ayudó a mi madre a incorporarse, a la cual todavía le temblaban las piernas, y se fundieron en un apasionado beso, dándose todo el tiempo del mundo a saborear las bocas mutuamente mientras uno tocaba los pezones aún duros y la otra pellizcaba ese culo duro y firme que tanto le gustaba. Este último beso se me hizo eterno. Como buenos amantes, demostraban su gratitud hacia el otro a través de dulces presiones labiales y ansiosos movimientos de sus lenguas. En otras circunstancias tal vez hasta me hubiera parecido erótico, pero resultaba que la amante no era otra que mi madre, a la que yo siempre había creído decente y fiel. Cuando por fin acabaron con su eterno beso Lucas le dio un cachete en el culo a su “reina” y comenzó a vestirse, no sin antes quitarse el condón lleno de leche que dejó sobre la mesa de barra sobre la que yo desayunaba todas las mañanas. Mi madre todavía admiraba ese magnífico cuerpo que cada vez resultaba menos desnudo, y cuando la visión del pene de Lucas desapareció bajo sus pantalones se acercó hasta donde yo estaba a recoger la camisa. Por suerte no sospechaba que les pudiera haber visto nadie y no se dio cuenta de que su propio hijo la observaba desde la oscuridad, atónito, con una mezcla de sentimientos de furia, vergüenza e impotencia, mientras recogía su camisa todavía algo húmeda por el champán. Cuando se dio la vuelta con la camisa para vestirse junto a Lucas pude observar que tenía las nalgas algo enrojecidas por las brutales embestidas de su maldito Rey. Tras ponerse la camisa recogió las braguitas del suelo y se las puso, haciendo un gesto de incomodidad al notar que aún retenían algo del espumoso champán que había desencadenado su primera infidelidad. Cuando hizo ademán de bajarse la falda aún enrollada en su cintura Lucas la detuvo. Ella sonrió divertida, y él aún más divertido le enseñó el preservativo medio lleno de semen. Cuando tiró de la gomita de la braga hacia fuera ella comprendió pero cuando intentó reaccionar ya era tarde. Lucas estaba vertiendo el viscoso líquido en las bragas de mamá. Cuando cayó todo el líquido cerró las braguitas y le metió el condón vacío en su escote, lo suficientemente abajo para que no se viera desde fuera. Mi madre no sabía qué hacer ante su nueva situación y Lucas le indicó que ya era hora de volver al salón con un cachete en el culo, que por la cara que puso, debió hacerla notar todo el líquido que se acumulaba en sus bragas y comenzaba a filtrarse, amenazando con salir a la vista de todos. Mi madre comenzó a andar hacia la puerta con pasos muy pequeños, primero por la follada que le acababan de dar y segundo porque al mínimo movimiento brusco el líquido que había en el interior de sus bragas se precipitaría hacia fuera e iría goteando. Seguro que en esos momentos no le hacían tanta gracia los zapatos de tacón. Mientras mi madre hacía malabarismos Lucas ponía diez copas en la bandeja y las llenaba con champán. Debido a que buena parte del envase había sido utilizado para seducir a mi madre, las copas estaban bastante vacías.

Cogió la bandeja y dándole un beso en la mejilla a mi madre le dijo:

-Te espero en el salón. No te demores mucho…mi reina..jajajaja.

Se dirigió a la puerta y yo salí pitando para el salón. Cuando llegué al salón y me senté todos iban ya bastante borrachos y casi ni se dieron cuenta de que había vuelto. La verdad es que me preguntaba si con el pedo que llevaban se habían dado cuenta de que me había ido en algún momento. Al cabo de un segundo apareció Lucas con las copas y las sirvió ante la alegría de mis familiares. Al cabo de un rato apareció mi madre con actitud avergonzada. La lefa ya había traspasado la tela de sus braguitas y había empezado a escurrirse por la zona interior de sus muslos. Afortunadamente para ella, todo el mundo iba tan borracho que ni se fijaron en sus piernas. Rápidamente se sentó y volvió a quedar delante de Lucas. Éste levantó su copa y ofreció un brindis por mi madre.

-¡Por Marta, una gran anfitriona y una auténtica reina!

Mis familiares ya iban mas ciegos que Diego y sin sospechar el doble sentido de la frase, brindaron todos en honor a mi “magnífica” madre. El resto de la velada transcurrió normal, con Lucas igual de vivaracho, contando historias de sus conquistas, como el de una mujer casada a la que se había trajinado con toda la familia de ésta en la casa. Mi padre y mis tios se descojonaban, sobre todo porque Lucas pintaba a la mujer de su historia como una auténtica golfa. Mi madre se ruborizaba constantemente con sus comentarios pero por la expresión de sus ojos sabía que también se estaba calentando. No me lo podía creer. Mi pulcra madre ahora se calentaba cuando contaban historias sobre cómo se la habían follado delante de sus seres más queridos.

Cosa de las 3, con todo el mundo ya de bajón, decidieron que ya era hora de irse a casa. Mientras todos recogían sus cosas mi madre se dirigió al hall para encender las lucas y abrir la puerta. Yo ya me subía para mi cuarto, confuso y enfadado por lo que acababa de ver y antes de empezar a subir por las escaleras volví a ver a mi madre pero en esos momentos me daban ganas de echarla en cara lo que había hecho. Iba a subir cuando escuché la voz de Lucas y le vi acercarse a mi madre por detrás.

-Vaya que anfitriona más solícita – dijo dándole un buen agarrón de nalgas

Mi madre se dio la vuelta y le sonrió.

-Es lo mínimo que puedo hacer por mi “Rey” – y se dejó atraer hacia Lucas cogida por el culo

Lucas acercó su rostro y mi madre no pudo superar la tentación y poniendo sus manos en las mejillas de su Rey comenzó a besarle nuevamente como si no hubiera un mañana. Mi madre, caliente ya desde antes, posó su mano sobre el paquete de Lucas, frotándolo con deseo. Lucas, para no quedarse corto comenzó a estrujar las tetas de mi madre mientras ambos aumentaban la intensidad de sus besos. Estuvieron besándose como si no les importara que les pudiesen descubrir, pero por fortuna mi tio iba muy borracho y dando voces, así que cuando les oyeron acercarse se separaron e intentaron aparentar que no pasaba nada.

Según iban saliendo de casa se despidieron de mis padres, y el último en hacerlo fue Lucas. Le dio la mano a mi padre y le agradeció la cena

-Gracias por todo. Todo estaba muy rico. Y sobre todo tiene una mujer estupenda.

-Gracias a ti por venir hombre. Seguro que mi mujer también se ha alegrado de conocerte. Vuelve cuando quieras, machote – dijo mi padre quedando como un imbécil frente a su esposa y al que le acababa de poner unos cuernos como casas.

-En cuanto a ti Marta….eres toda una reina – se acercó y le dio un beso completamente inocente comparado con lo que había visto hace unos momentos.

-Un placer. Tu también eres un rey – le guiño un ojo y le devolvió un beso también por completo inocente.

Yo estaba flipando. ¿Pero de qué iban? No cabía en mí de rabia. Hasta hace un momento habían estado follando como animales, o como cerdos mejor dicho, ¿y ahora iban de modositos?

Cuando subí a mi cuarto me puse a pensar en lo que había pasado esta noche. Lo cerda que había sido mi madre y la facilidad con que ese hijo de puta se la había camelado. ¿Era Lucas muy bueno o era mi madre una zorra?¿O ambas cosas? De repente me ví sorprendido por un comienzo de erección al rememorar las escenas en las que mi madre era follada sin cuartel. No podía creer que me estuviera pasando esto, así que me metí en la cama, con la esperanza de que mi madre volviera a ser ella misma, la amante esposa y modélica madre que siempre había creído tener en casa. Pero pronto descubriría que estaba muy equivocado.

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