El cumpleaños de Raquel relato erotico xxx


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El cumpleaños de Raquel

Categoría: Hetero Comentarios: 0 Visto: 5969 veces

Ajustar texto: + - Publicado el 03/02/2017, por: Anonimo

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Aquella noche habíamos salido a celebrar el cumpleaños de Raquel. Pese a tratarse de pleno mes de enero la temperatura en la calle era agradable y nos permitía ir pululando de un local a otro sin que nos preocupasen la lluvia y el frío. Aquello comenzó siendo una fiesta multitudinaria entre amigos, familiares y compañeros de trabajo entre los que no nos conocíamos, especialmente sus compañeros con el resto de los allí presentes, pero eso no fue impedimento para que rápidamente hiciésemos todos buenas migas y nos riéramos a carcajadas unos con otros.

La cosa comenzó en la cena, nada de sitios lujosos, fuimos de tapas a un conocido bar del casco antiguo. Entre broma y broma íbamos desinhibiéndonos poco a poco, y las bromas entre todos iban tomando cierto cariz picante. Cuando nos marchamos del bar fuimos de peregrinación por los locales de copas. No me sorprendió que Raquel me tocase el culo en más de una ocasión, más que nada porque ella era así, aunque tampoco perdí mi oportunidad de tocar algo, pero de forma más sutil.

-Veo que no pierdes ocasión de meterme mano- decía Raquel mientras me miraba con esos ojos que comenzaban a tornarse vidriosos-pero no te preocupes que me da igual-y pasó a reírse a carcajadas.

-Y si te importa me da igual, que hay que ver los pellizcones que me estoy llevando como para que ahora te pongas en plan remilgada.

-Bueno, algo tendré que decir al respecto ¿No?, que soy una señorita-ya con este comentario no pudimos para de reír en un buen rato.

La fiesta siguió sus derroteros, y como suele suceder en estas fiestas multitudinarias, la gente se esparció rápidamente por los bares de la zona. Mientras la noche iba avanzando los grupos se iban aumentando a la par que el número de integrantes de cada uno continuaba descendiendo. Al final y sin saber muy bien como, quedamos Raquel y yo en aquel antro sin el menor rastro de los demás. Entre copas, bailes y bromas el ambiente se fue caldeando poco a poco. Caderas que se mueven, pelvis que se juntan, manos que se encuentran y alientos que se funden.

-¿Te gusta el colgante que me regalaron?-Ni que me estuviese fijando en el dichoso colgante, ella me había pillado mirándole el canalillo y lo que no es el canalillo por el escote. Es que esta chica encantadoramente muy levemente entrada en kilos sin perder la armonía de su figura, tiene una delantera de campeonato.

-Si, es muy bonito…-Ella sabía lo que estaba mirando, de hecho no era la primera vez que me pillaba, pero esta situación se daba más a intentar sacar partido, y por lo que estaba comprobando a ella no le importaba demasiado que me la estuviese comiendo con los ojos.

-¿Y no te parece más bonito lo que hay debajo?

– Más bonito y mucho más apetecible-diciendo esto le palpé uno de sus grandes senos por encima de la ropa. Ella me miró con cara juguetona, o mejor dicho de viciosa y me apretó el culo con su mano izquierda. No hubo necesidad de palabras, estaba todo dicho con nuestra actitud, así que salimos de allí como pudimos en busca de un lugar más íntimo.

Lo cierto es que la empresa se presentaba complicada, al estar en una zona céntrica y de fiestas, había gente por todas partes.

-Oye, ¿Y si vamos a tu coche? Que por aquí lo vamos a tener complicado.

-No lo he traído, pero no te preocupes que conozco un lugar poco transitado.

-Pues por aquí no sé yo donde habrá algo poco transitado-decía Raquel con una mueca entre incredulidad y decepción.

-Tranquila mujer de poca fe, que sé lo que me hago.

Nos dirigimos a una zona un poco más alejada. Como buen casco antiguo, aquel estaba repleto de recovecos entre las casas antiguas y las pequeñas pero coquetas capillas. A una de esas la llevé. Era una capilla a la que se llegaba por una calle peatonal, y por la que no circulaba el tráfico desde hacía ya unos años, puesto que la otra vía también había sido llevada a sus orígenes y volvía a ser peatonal. El lugar en sí estaba muy bien, tenía una pequeña plazoleta a la que había que llegar bajando unos cinco o seis escalones, por lo que nos brindaba una sensación de abrigo, tanto de miradas como del aire fresco de la noche.

-El sitio no está mal-dijo Raquel sin convencimiento-el problema es que parece que hay demasiadas ventanas por aquí cerca.

-¿Y desde cuando te importan a ti esas cosas? ¿No eres tan liberal como me pretendías hacer creer?

-No es eso, pero me da un poco de corte.

-Tranquila, la mayoría de esas ventanas son casas museos, así que nadie tiene que vernos, y si lo hacen, pues tratemos de dar un buen espectáculo.

Con estas ocurrencias nos empezamos a reír, ella no sé si por nerviosismo y yo porque temía que todo se fuera al garete y se había logrado salvar la situación. Raquel no tardó mucho en terminar de tranquilizarse, por lo que decidí empezar a calentarla un poquito acariciándola lentamente. Ella pegó sus labios a los míos y comenzó a juguetear buscando mi cavidad, no tardé en abrir ligeramente la boca para que el beso fuese mucho más profundo. Raquel sabía lo que hacía con la lengua, poco a poco las caricias fueron subiendo de nivel. Yo comencé a jugar con sus senos que me traían loco desde hacía mucho tiempo, al yo dedicar mayor atención a su pecho, ella se dedicó a darme lametones y pequeños mordiscos en el cuello. Casi sin darnos cuenta estábamos muy cerca de la entrada de la capilla, donde había un amplio escalón que utilizamos como improvisado banco.

Cuando ya llevábamos un rato sentados y siguiendo con nuestros arrumacos, noté como me desabrochaba el pantalón sin despegar su boca de mí. Al notar esto me decidí a tocar su vulva, único lugar que me faltaba por palpar de la anatomía de esta preciosidad. Primero lo hice por encima de su falda, luego la levanté y acaricié por encima de sus braguitas. Cuando me decidí a meter mis dedos por el elástico, Raquel ya tenía mi polla bien sujeta y la apretaba con firmeza, para posteriormente ir masturbándome muy lentamente. No iba a quedarme atrás, terminé de meter mi mano en el lugar donde un falo tiene que estar. Seguimos besándonos y acariciándonos con las manos que nos quedaban libres, cada vez con más desesperación, como si con el amanecer se fuera a terminar el mundo, Raquel ahogaba sus gemidos mientras que yo, Llegados a este punto, tuve que hacer gala de autodominio para no correrme, ya que aunque la cosa no había pasado a mayores, estaba excitadísimo. Y menos mal que lo hice, puesto que sin previo aviso bajó su cabeza hacia mi zona media y se metió la punta del pene en la boca. Tras darme unos pequeños lametones con la lengua, succionó el glande mientras me continuaba haciendo la paja con la mano. La sensación de placer vino acompañada de cierta relajación en mis zonas más erógenas. Poco a poco su mano perdió protagonismo para dejar que su boca tomará el papel de actriz principal al tiempo que sus senos recibían las atenciones de mis manos.

Con las cosas en este punto, decidí desabrocharle la blusa y buscar ese tesoro tan ansiado, ella se incorporó y me ayudó en la tarea. Cuando sus enormes senos quedaron a la vista, no pude reprimirme y me dediqué a chuparlos y estrujarlos, Raquel continuaba ahogando los sonidos del placer mientras retomaba la estimulación mi miembro, esta vez con las manos.

-Raquel…-No hizo falta decir más, ella se dio cuenta de lo que quería. Yo estaba en punto de no retorno viendo como a ella no le quedaban más prendas que la falda y sus zapatos, yo continuaba vestido, con la blusa abierta y el pantalón un poco por debajo del culo. Nos colocamos en aquel improvisado banco del parque que ahora sería cama improvisada. Se arrodilló delante de mí, con una pierna a cada lado, bajando poco a poco comenzó a hundir mi falo en su vagina, hasta que quedamos totalmente unidos. Primero el movimiento fue lento, suave. Tanto de arriba hacia abajo como a los lados, girando sus caderas. Nuestras bocas seguían encontrándose, deseosos de probarnos. A veces cortaba esa magia para volver a saborear sus deseadas tetas. Era en esos momentos cuando más rabioso se volvía el movimiento, era como si mi querida Raquel entrase en trance, me agarraba la cabeza por el pelo y saltaba salvajemente.

Esa postura nos empezaba a incomodar ligeramente, así que nos levantamos, la apoyé contra las puertas de aquella pequeña capilla que estaba siendo testigo de nuestra lujuria desenfrenada. Sujeté una de sus piernas para tener mejor acceso, y volví a penetrarla una y otra vez, ella se olvidó de ahogar sus gemidos, ya todo valía, ya nada nos importaba, sólo estábamos Raquel, yo y nuestra locura sexual desatada.

De un pequeño salto, y sin permitir que me saliese de ella, puso la pierna con la que se sujetaba detrás de mí espalda, la arrinconé contra la esquina que formaba el portón con la pared y el abrazo fue completo. Aceleramos el ritmo todo lo que nos fue posible, hasta que los orgasmos se sucedieron. Primero yo, empujando lo que aquella esquina me permitía, hundiendo mi cara en el cálido cuello, llenándola de vida hasta la última gota. Luego Raquel, que al notar mi orgasmo estando ella muy cerca del suyo, comenzó a mover la pelvis como pudo buscando que aquello no decayese un ápice, logrando su ansiado orgasmo. Quedamos extenuados, sonriéndonos con complicidad.

Al terminar nos recolocamos la ropa y salimos de allí, como dos niños que acaban de robarle la mermelada a su abuela. Fue una noche memorable, y pensar que había ido a su cumpleaños por compromiso. Las mejores cosas pasan cuando menos las esperas, y todo queda en un “Feliz cumpleaños Raquel”.

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