Un regalo (1) relato erotico xxx


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Un regalo (1)

Categoría: Sexo Anal Comentarios: 0 Visto: 6245 veces

Ajustar texto: + - Publicado el 10/11/2016, por: Anonimo

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Después de dos años de habernos conocido por fin pude conseguir una cita con Bianca. Durante ese tiempo nos habíamos tratado con bastante familiaridad, pareciera que éramos amigos desde más tiempo. Poco a poco nos empezamos a conocer. Primero platicábamos de cosas cotidianas que nos ocurrían y luego, con más confianza, nuestras fantasías más íntimas. Yo solo la conocía por foto, pero aún así su mirada penetrante y sensual me cautivaba. Nuestras pláticas giraban en torno a nuestros más íntimos deseos y, lógicamente, terminábamos “haciendo el amor cibernético”. Por eso, cuando aceptó mi invitación para vernos en algún lugar, no pude disimular tocarme el pene y darme cuenta que se había “levantado”. Los días pasaron rápidamente, la emoción me embargaba totalmente.

Cuando llegó el día esperado, me puse mis mejores atuendos porque sabía que ella se pondría lo mejor para esa ocasión especial. Acordamos vernos en el bar de un hotel céntrico. Llegué veinte minutos antes de nuestra cita para reservar el mejor lugar donde pudiéramos charlar sin la mirada indiscreta de los visitantes. La hora se acercaba y justamente, faltando dos minutos, llegó ella. Traía un vestido rojo muy elegante, al verla por primera vez en vivo no pude menos que admirarme y sentirme “orgulloso” de ser el “dueño” de aquel maravilloso cuerpo que había sido mío muchas veces por la red, cuando gozábamos de nuestros encuentros cibernéticos.

Ella tiene un cuerpo muy bien formado, su silueta es digna de admiración, las piernas torneadas, la cintura pequeña y sus grandes y hermosos senos habían sido el sueño de toda mi vida.

Al llegar me sonrió, me tendió la mano y me besó en la mejilla. Le ofrecí tomar una copa y ella aceptó. Estuvimos charlando un buen tiempo de cosas triviales, de cosas que ya sabíamos, hasta que me atreví a preguntarle algo íntimo… ella me respondió con su singular mirada. Pude notar una chispa de deseo en sus ojos, señal de que se encontraba entusiasmada con nuestro encuentro. No está por demás decir que si yo me encontraba ahí, era porque deseaba poseerla. Solo esperaba el momento oportuno para hacerle la proposición sin ser rechazado.

El momento llegó cuando me preguntó que si solo nos habíamos citado para charlar, y yo le respondí: claro que no…!!! Recuerda que nos prometimos que si en alguna ocasión nos llegáramos a encontrar, haríamos todo lo que nos habíamos imaginado. Que las fantasías compartidas las haríamos realidad. En ese momento pensé que la hora había llegado y le dije: Bianca, amor… ¿quieres hacer el amor conmigo? Ella respondió: claro que sí…!!! Por eso vine, lo he deseado desde el momento que llegué. Sin más que decir, pedí la cuenta al camarero y nos acercamos a la recepción del hotel. Pedimos una habitación y nos dieron las llaves, tanto ella como yo disimulamos el nerviosismo que sentíamos y nos comportamos como un matrimonio común que estaba de paso por esa ciudad.

Al entrar a la habitación la tomé de la mano y la conduje a la recámara principal. Ahí, la tomé de la cintura y la besé. Primero fue un beso tierno que poco a poco se fue haciendo apasionado… nuestras lenguas se entrelazaron fuertemente y no deseaban soltarse. Así permanecimos mucho rato, mis manos recorría su espalda y las de ella por la mía. Me acerqué a susurrarle que deseaba poseerla y ella en un susurro me contestó: si, quiero ser tuya.

Le pedí que me permitiera quitarle la ropa y ella accedió con gusto. Primeramente le pedí que me dejara admirar su vestido, me di cuenta que tenía aberturas por los costados que dejaban ver sus muslos, me acerqué a ella y empecé a acariciarlos… la llevé a la cama y nos sentamos juntos, continué acariciando por debajo de su vestido, frotaba ávidamente sus muslos y ella empezó a dar los primeros gemidos.

Esto hizo que mis manos empezaran a subir más… al llegar a su tanga que traía puesta (y que era diminuta, por cierto) no pude evitar hacer una exclamación y decir: vida mía…!!! Que delicia tenerte así…!! Al llegar a su intimidad pude sentir su humedad, al fin comprobé por mis propios medios que me decía la verdad cuando me decía que se “humedecía” en nuestros encuentros cibernéticos. Tomé mi tiempo… seguí frotando con mis dedos su vagina por encima de su tanga. Nos levantamos y empecé a quitarle la ropa. Cuando cayó su vestido me quedé congelado ante la imagen que tenía delante de mí. El color negro de sus prendas íntimas hacía resaltar sus bellos encantos.

No sabía si mirar sus grandes senos o mirar la parte de abajo, ya que la tanga minúscula que traía hacia desear quitarla con los dientes. Rápidamente me quité mi ropa. Solo quedé con la trusa puesta. Volví a acercarme para besarla nuevamente. Pero esta vez fue más apasionado. Sus pezones que ya estaban erectos los sentí en mi pecho, una corriente de deseo invadió todo mi cuerpo, lo hizo estremecer. Mis manos se deslizaban por su espalda desnuda y con los dedos pude quitar el broche que tenía su bra… Ella se despojó de la tanga y yo de mi trusa. Mi erección era notable. Acerqué mi miembro a su piel y pude notar un estremecimiento en su cuerpo. Al quedar completamente desnudos nos dedicamos a acariciarnos todas nuestras partes. En un momento quedó de espaldas a mi cuerpo. De esta manera pude abrazarla y tomar con mis manos sus senos. Los levantaba y oprimía fuertemente. No dejaba de decirle: vida… no sabes cuánto deseé tenerte así. Mi pene lo frotaba en sus nalgas y ella las levantaba en señal de aprobación.

La llevé a la cama, sin soltarla. La deposité suavemente e inmediatamente empecé a succionar sus pezones. Leves gemidos solo se escuchaban en la habitación. Pasaba de un pezón a otro succionado ávidamente como si fuera lo último que fuera hacer en la vida. Lentamente me fui deslizando hacia abajo, recorrí con mi lengua la base de sus senos y noté un estremecimiento que la hizo arquear su espalda. Al hacerlo, levanto los senos y pude ver en todo su esplendor la grandeza de ellos.

La dureza y redondez de sus pechos me invitaban a seguirlos mamando, pero me contuve, deseaba saborear su néctar que brotaba de su clítoris. Seguí bajando sin dejar de lamer su cuerpo, al llegar a su pubis y rozar sus bellos que lo cubrían ella reaccionó separando sus piernas, como invitando a entrar a esa intimidad que se encontraba bastante mojada en espera de mi lengua. La humedad de mi lengua y la de ella se confundieron, pero al mismo tiempo pude detectar el riquísimo sabor que su esencia femenina emanaba. Como si fuera un sediento empecé a beber su riquísima humedad.

Introducía mi lengua hurgando todo su interior, podía mover libremente la lengua ya que me lo permitía el que tuviera sus piernas completamente separadas, mis manos alcanzaban sus senos y oprimía fuertemente sus pezones erectos. Sus gemidos me indicaban que continuara hasta que sentí su cuerpo arquearse. Sus jugos podía sentirlos resbalar por la comisura de mis labios y sentir sus primeras contracciones. Su primera venida fue sensacional. Oleadas de riquísimos jugos invadían mi boca, llenándome de placer. Cuando la sentí venirse empecé a introducir mis dedos y, simulando un pequeño pene, lo metía y sacaba en un ritmo frenético. La vulva empezó a dilatarse y noté que estaba lista para sentir mi pene.

Al querer acomodarme para meter mi pene, ella me detuvo y me dijo: amor… quiero mamarte. Me “monté” sobre ella de manera que con mi pene podía dirigirlo a todas las partes de su frente. Ella tomó sus senos y levantándolos me dijo: Quiero que deslices tu pene en mis pechos. Me dirigí a ellos, tomé con mi mano el pene y con la punta rocé sus pezones. El líquido preseminal que brotaba del ojillo de la cabeza se quedó en la punta de sus pezones y con ayuda de ese líquido podía deslizarlo suavemente por el contorno de sus senos. Al llegar a la unión de ellos, Bianca los levantó aún más, no fue necesario que me dijera nada, sabía lo que tenía que hacer, tomé con mis manos sus hermosos senos y los junté de manera que pudiera deslizar mi pene por en medio de ellos. La sensación de sentir sus senos oprimiendo mi pene fue algo sensacional. Después tomé mi pene con la mano y lo dirigí a su boca.

Ella la abrió esperando recibirlo con la lengua. Al sentir la primera lamida un estremecimiento sacudió mi cuerpo y sin esperar más lo introduje hasta el fondo de su boca. Oleadas de placer nos invadieron. Solo se escuchaba el ahhhhhhhhhh…. Mmmmmmmmmmmmmm…. Ya que nos satisfacíamos mutuamente. Después de que Bianca me mamó por un buen rato mi pene me dijo lo que estaba esperando oír. Algo que de solo imaginarlo hacía que todo mi ser se volcara de amor hacia ella. Me dijo: ¿Quieres que te dé el “regalo” que te había prometido? Le dije que sí..!! Su “regalo” era que iba a ser el primero en poseer su ano. Ya que siempre había sido su fantasía más deseada en querer realizar. Sin decir nada se acomodó en la orilla de la cama y, dándome la espalda, se inclinó. De esta manera podía ver en todo su esplendor su trasero. Me bajé de la cama y me puse detrás de ella. Alcancé a escuchar un débil murmullo que decía: es tuyo… solo trátalo bien, es mi primera vez.

Tomé con delicadeza sus nalgas y las separé. Pude ver su orificio que se encontraba cerrado. Deslicé uno de mis dedos y lo coloqué en la entrada y empecé a girarlo, quería estimularlo para que me permitiera meter mi pene. Chupé uno de mis dedos y lentamente empecé a deslizarlo por su ano… su cuerpo se estremeció pero fue motivo para que su ano reaccionara al contacto de mi dedo ensalivado. Me di cuenta que mi pene seguía brotando de líquido y como un acto natural lo llevé a su entrada anal. Coloqué la gota que se encontraba en la punta del pene y de esta manera pude meter con mayor facilidad mi dedo. Su ano empezó a dilatarse, parecía que estaba urgido de ser penetrado. El movimiento del dedo empezó a ser acelerado, se deslizaba con bastante facilidad, me atreví a meter dos dedos juntos y, sin esperarlo, noté que el ano lo recibía sin ninguna dificultad.

El momento había llegado. Coloqué la punta de mi pene en su orificio y con mis manos separé lo más que pude sus nalgas. Ahí estaba “mi regalo”, lentamente introduje la punta del pene y vi cómo éste empezó a desaparecer. Centímetro a centímetro observé cómo mi pene se ocultaba en su ano. Al llegar al fondo y rozar con mis bellos su ano, ella me dijo: gracias amor… tuviste mucho cuidado en meterlo… dolió poco pero ese dolor ha desaparecido siento tu pene invadir mis entrañas, quédate ahí lo más que puedas… ¿quieres?. Permanecí así varios minutos, las paredes de su ano empezaron a rodear mi pene de manera que noté su satisfacción de sentirme ahí. Poco a poco lo fui sacando, pero… al llegar al final lo volví a introducir. Pero esta vez con más fuerza. Su ano se había amoldado a la perfección a mi pene.

Empecé a sacarlo y a meterlo suavemente, y poco a poco el ritmo fue en aumento. Ver la manera en que desaparecía y aparecía mi pene era la sensación más deliciosa de aquella noche. Ella empezó a moverse, siguiendo el ritmo que le marcaba, en cierta forma parecíamos una máquina en completa armonía. Solo se escuchaba el golpeteo de su nalgas en mi cuerpo y los gemidos se hicieron más fuertes. En la habitación retumbaban los AHHHHHH…. MMMMMMMMMM… de ambos. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero la posesión había llegado al clímax y, juntamente los dos alcanzamos al mismo tiempo una deliciosa venida. Al sentir que mi pene estaba a punto de estallar lo saqué y toda la leche acumulada de varios días se derramó en la espalda de Bianca. Su cuerpo se estremeció al sentir el líquido caliente y sus espasmos se hicieron más convulsivos.

Dejé caer mi cuerpo junto al suyo y nos besamos apasionadamente.

Después decidimos entrar a darnos un baño y….

Continuará…

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